No existe límite de tiempo en la cohabitación y, aunque el coito quede determinado por las energías propias, unos escarceos prolongados o unos tiernos abrazos posteriores pueden extender la cohabitación.

 

Una manera excitante de empezar consiste en desnudarse mutua y lentamente, sometiendo a besos y caricias nuevas áreas del cuerpo de tu pareja. Recuerda que la contemplación es un factor muy importante en la estimulación sexual; consecuentemente hacer el amor en una habitación agradablemente iluminada o cerca de un espejo para poder incrementar su conciencia sensual. Si observas la cara de tu pareja a medida que aumenta su tensión sexual, al impulso de sus caricias, se incrementara su propia excitación. De la piel se ha dicho que es el mas grande órgano sexual del cuerpo, por lo que se debe atender a cada una de sus partes.

 

La lengua es un instrumento vital en la cohabitación. Úsala en cualquier punto, lamiendo con energía una amplia área. No descuides las superficies ultrasensibles de la parte posterior del cuello y genitales. Sopla con firmeza y suavidad sobre zonas de la piel previamente humedecidas o acarícialas cariñosamente con las pestañas.

 

La lentitud de la cohabitación no debe ser un pretexto para la pereza o para prestar una escasa tensión a tu pareja. Proporciona la oportunidad de ensayar otras posiciones que permitirán el contacto entre nuevas áreas, pero difíciles de mantener, quizá durante cierto tiempo, como la situación en la que la cabeza cuelga.

 

Si los dos se turnas en la interpretación de los papeles activo y pasivo obtendrán el descanso que requieren y tiempo para concebir nuevas situaciones. Cuando ambos yacen cómodamente, no es necesario que se aparten durando los momentos de la pausa; así se advierte en la posición "tijera". La persona sensual sabe que la cohabitación no acaba entonces; con caricias reposadas revelara que has recibido tanto placer como has otorgado